San Úrbez en la vieja Inglaterra

02.07.2016 16:40

Como muchos sabéis, en Albella reside una pareja de ingleses, con sus dos hijas ( ver aquí entrevista) .

En la romería de esta primavera de Albella, tuvimos la ocasión de charlar animadamente con la madre de la vecina de Albella Lucy Wollons, la muy amable Wendy Myers. Se da la circunstancia de que Wendy habla con mucha corrección español, ya que trabajó hace ya unos años en el Foreign Office en Madrid, en la embajada británica.

Piadosa creyente y muy aplicada, se ha interesado por el fenómeno de San Úrbez y ha hecho un bonito artículo que ha publicado recientemente en la revista local de su comunidad, en las cercanías de Londres, comunidad bajo la advocación de San Juan Bautista. Eta revista se aloja en la web de esa activa comunidad religiosa (http://www.pinnerparishchurch.org.uk/).

Agradecemos a Wendy el interés que ha demostrado y no olvidaremos la conversación con ella, que dejaba entrever una vida vivida muy muy interesante.

Dado que el artículo está en inglés, al final ponemos la traducción en español, pidiéndole de antemano a Wendy los errores que hayamos cometido.

Aquí lo dejamos, con la curiosidad de ver a San Úrbez saltar nuestras fronteras hacia la brumosa Britannia...:

Abajo, portada de la revista:

Abajo, artículo en sí.

Y ahora la traducción:

Pentecostés en los Pirineos españoles.
 
En mayo fuimos a visitar a nuestra hija y familia, que dirige un pequeño centro de actividades en los Pirineos, cerca del Parque Nacional de Ordesa, patrimonio de la UNESCO. Ellos viven en Albella, un pequeño pueblo remoto, donde un pequeño autobús llega cada de lunes a viernes por la mañana para llevar a sus hijas a la escuela, sobre las colinas de verde paisaje.
 
Nuestra visita coincidió con el Pentecostés y la "romería", o peregrinaje, en honor de San Úrbez, santo local.
Durante la mañana del día de la fiesta, la gente comenzó a llegar desde las ciudades más cercanas y pueblos, algunos de tan lejos como Zaragoza, con el fin de tomar parte en la procesión.  Cuando todos estaban reunidos, con la letra de una canción (“gozos”) en honor del Santo, partimos a través de los campos hacia la ermita, dirigidos por un portaestandarte y el cura local, y acompañados de un pequeño grupo de instrumentos locales, incluyendo uno que se asemeja a nuestra gaita. Los bancos se habían sacado de la capilla, para que pudiéramos sentarnos en el exterior, a la sombra de los árboles, con hermosas vistas de las colinas de los alrededores y montañas. La misa fue celebrada completa, lo cual no era difícil de seguir, ya que la forma de servicio se parece mucho a la nuestra, a excepción de que, durante la Paz, a menudo se recibido un cálido abrazo y un beso en ambas mejillas, en lugar del más formal apretón de manos.
 
Después del servicio, cestas de pan local (“tortas”) con sabor a anís y espolvoreadas con azúcar fueron bendecidos por el sacerdote, junto con el vino bendecido, y luego se distribuyeron a la congregación, siendo un gesto muy apreciado ya que ya eran las 13:30… 
Al final del día hubo baile en la pequeña plaza del pueblo, música y canciones locales.
 
San Úrbez nació en Burdeos a principios del siglo octavo, hijo de madre cristiana y padre pagano, éste era un soldado que murió en una batalla a causa de una flecha. Su madre, que era muy versada en griego y latín, dio a su hijo una enseñanza piadosa, inculcándole devoción por la Virgen María y el niño Jesús, y los Santos Justo y Pastor, de cuyo resguardo se mantuvo cerca durante toda su vida. Cuando él era de unos quince años, él y su madre fueron tomados como rehenes y esclavos y llevados a España, para después ser capturados por los árabes, que habían barrido en toda España en el siglo VIII, siendo esclavos Urbez y su
madre de un jefe moro, al que sirvieron bien. El caudillo árabe se apiadó de ellas y dejó libre en primer lugar a su madre, Asteria, que regresó a Burdeos, y luego Úrbez, más tarde. 
Fue entonces cuando Úrbez comenzó a seguir su vocación religiosa.
 
Su primer paso fue recuperar los restos de los dos niños Santos, Justo y Pastor, que había sido martirizado por los romanos en los siglos III-IV, de edad de siete y nueve, respectivamente. Esto lo hizo viajar a Alcalá de Henares, en el centro de España. Tras recuperarlos, colocó los restos de los Santos en una bolsa y los mantuvo con él hasta el final de su vida. 
 
 Hizo una visita a ver a su madre a Burdeos, pero pronto la dejó de nuevo, para viajar por las montañas más altas (“Pirineos”) a Aragón, en el norte de España, con el fin de seguir su vocación de dedicar su vida a la contemplación solitaria. Se convirtió en pastor para que pudiera estar solo, pero la fama de su bondad y milagros le siguió, por lo que tenía que seguir adelante. Las ovejas lo dejaban rezar sin molestarlo, y a veces cuando dormía en los campos de trigo, las ovejas se comían sólo las malas hierbas, las que hacían daño a la cultivos. En otra ocasión, la oveja no podía cruzar una corriente, y él extendió su cayado de pastor, y caminaban sobre él para llegar al otro lado. La tradición cuenta que también realizó varios milagros de curación. Se  trasladó por varios pueblos de la montaña cuando a causa de sus buenas acciones se convirtió en demasiado conocido, hasta que finalmente llegó a un pueblo llamado Nocito donde terminó sus días en el año 802, de unos cien años de edad. Allí, su cuerpo se quedó, junto con los restos de los dos Santos Niños, hasta la década de 1930, cuando fueron destruidos en la Guerra Civil española, junto con la capilla que los albergaba.
 
Hasta 1948, representantes del pueblo de Albella, caminaban descalzo de su pueblo a Nocito, vestidos con sencillo cilicio con el fin de imitar su piedad y orar por la lluvia u otros beneficios de la naturaleza.
Hoy en día, muchos de los pueblos de la montaña han sido abandonados y su ermitas o capillas destruidas en la Guerra Civil. Afortunadamente, la ermita de Albella había escapado a este destino debido a las acciones de una persona, que, viendo a los republicanos llegar para iniciar la quema, les ofreció bebida y como se pusieron demasiado borracho para hacer su trabajo, dejaron para otro día llevar a cabo la destrucción. Por supuesto, esa destrucción al final no llegó, es por eso que la ermita de Albella permanece indemne y se cuida con amor por las familias locales, y cada año en Pentecostés San Úrbez es recordado y venerado en los Pirineos en Aragón
donde había pasado casi toda su vida.
 
Wendy Myers

Pentecostés en los Pirineos españoles.

En mayo fuimos a visitar a nuestra hija y familia, que dirige un pequeño centro de actividades en los Pirineos, cerca del Parque Nacional de Ordesa, patrimonio de la UNESCO. Ellos viven en Albella, un pequeño pueblo remoto, donde un pequeño autobús llega cada de lunes a viernes por la mañana para llevar a sus hijas a la escuela, sobre las colinas de verde paisaje.

Nuestra visita coincidió con el Pentecostés y la "romería", o peregrinaje, en honor de San Úrbez, santo local.

Durante la mañana del día de la fiesta, la gente comenzó a llegar desde las ciudades más cercanas y pueblos, algunos de tan lejos como Zaragoza, con el fin de tomar parte en la procesión.  Cuando todos estaban reunidos, con la letra de una canción (“gozos”) en honor del Santo, partimos a través de los campos hacia la ermita, dirigidos por un portaestandarte y el cura local, y acompañados de un pequeño grupo de instrumentos locales, incluyendo uno que se asemeja a nuestra gaita. Los bancos se habían sacado de la capilla, para que pudiéramos sentarnos en el exterior, a la sombra de los árboles, con hermosas vistas de las colinas de los alrededores y montañas. La misa fue celebrada completa, lo cual no era difícil de seguir, ya que la forma de servicio se parece mucho a la nuestra, a excepción de que, durante la Paz, a menudo se recibido un cálido abrazo y un beso en ambas mejillas, en lugar del más formal apretón de manos.

Después del servicio, cestas de pan local (“tortas”) con sabor a anís y espolvoreadas con azúcar fueron bendecidos por el sacerdote, junto con el vino bendecido, y luego se distribuyeron a la congregación, siendo un gesto muy apreciado ya que ya eran las 13:30… 

Al final del día hubo baile en la pequeña plaza del pueblo, música y canciones locales.

San Úrbez nació en Burdeos a principios del siglo octavo, hijo de madre cristiana y padre pagano, éste era un soldado que murió en una batalla a causa de una flecha. Su madre, que era muy versada en griego y latín, dio a su hijo una enseñanza piadosa, inculcándole devoción por la Virgen María y el niño Jesús, y los Santos Justo y Pastor, de cuyo resguardo se mantuvo cerca durante toda su vida. Cuando él era de unos quince años, él y su madre fueron tomados como rehenes y esclavos y llevados a España, para después ser capturados por los árabes, que habían barrido en toda España en el siglo VIII, siendo esclavos Urbez y su madre de un jefe moro, al que sirvieron con honradez. El caudillo árabe se apiadó de ellos y dejó libre en primero lugar a su madre, Asteria, que regresó a Burdeos, y luego a Úrbez.

Su primer paso fue recuperar los restos de los dos niños Santos, Justo y Pastor, que había sido martirizado por los romanos en los siglos III-IV, de edad de siete y nueve, respectivamente. Esto lo hizo viajar a Alcalá de Henares, en el centro de España. Tras recuperarlos, colocó los restos de los Santos en una bolsa y los mantuvo con él hasta el final de su vida. 

 Hizo una visita a ver a su madre a Burdeos, pero pronto la dejó de nuevo, para viajar por las montañas más altas (“Pirineos”) a Aragón, en el norte de España, con el fin de seguir su vocación de dedicar su vida a la contemplación solitaria. Se convirtió en pastor para que pudiera estar solo, pero la fama de su bondad y milagros le siguió, por lo que tenía que seguir adelante. Las ovejas lo dejaban rezar sin molestarlo, y a veces cuando dormía en los campos de trigo, las ovejas se comían sólo las malas hierbas, las que hacían daño a la cultivos. En otra ocasión, la oveja no podía cruzar una corriente, y él extendió su cayado de pastor, y caminaban sobre él para llegar al otro lado. La tradición cuenta que también realizó varios milagros de curación. Se  trasladó por varios pueblos de la montaña cuando a causa de sus buenas acciones se convirtió en demasiado conocido, hasta que finalmente llegó a un pueblo llamado Nocito donde terminó sus días en el año 802, de unos cien años de edad. Allí, su cuerpo se quedó, junto con los restos de los dos Santos Niños, hasta la década de 1930, cuando fueron destruidos en la Guerra Civil española, junto con la capilla que los albergaba.

Hasta 1948, representantes del pueblo de Albella, caminaban descalzo de su pueblo a Nocito, vestidos con sencillo cilicio con el fin de imitar su piedad y orar por la lluvia u otros beneficios de la naturaleza.

Hoy en día, muchos de los pueblos de la montaña han sido abandonados y su ermitas o capillas destruidas en la Guerra Civil. Afortunadamente, la ermita de Albella había escapado a este destino debido a las acciones de una persona, que, viendo a los republicanos llegar para iniciar la quema, les ofreció bebida y como se pusieron demasiado borracho para hacer su trabajo, dejaron para otro día llevar a cabo la destrucción. Por supuesto, esa destrucción al final no llegó, es por eso que la ermita de Albella permanece indemne y se cuida con amor por las familias locales, y cada año en Pentecostés San Úrbez es recordado y venerado en los Pirineos en Aragón donde había pasado casi toda su vida. 

Wendy Myers