"Relacion de las limosnas entregadas durante el año de 1942 para el sostenimiento del Santuario de San Úrbez"

14.12.2014 10:10
 
Entre los documentos que custodia la cofradía, y por cortesía de su Junta y del Prior, hemos accedido a interesantes asuntos. Poco a poco iremos desgranando los más relevantes.
 
Hoy traemos a colación el importe de la cuestación que el Santero realizó en 1942 por los pueblos que recorría habitualmente. Pensamos que es algo muy interesante, y que refleja el estado de las poblaciones del entorno, algunas ya muy diezmadas (Guerra Civil, pobre postguerra...): número de casas, aportaciones de cada una, nombres de las mismas, poblaciones, pardinas... En ese año, eran Santeros el matrimonio Simón y Emilia, y su hijo Úrbez. Es de suponer que los viajes los haría en ese año Simón, aunque no hemos confirmado este extremo, cosa que podríamos hacer fácilmente con Úrbez, informante.
 
Abajo, capilleta de San Úrbez, que llevaba el santero con él y recogía las limosnas dinerarias, y ante la que oraban los devotos. Abajo tiene una ranura y cajón para las monedas. Museo de Sabiñánigo. Gracias a E.Satué y a su actual director.
 
El que quiera más información acerca de la figura del santero, y para no repetirnos, copiamos literal de nuestro libro "...a pies descalzos" el texto en el que hablamos de su figura, aunque mayoritariamente en el libro nos referíamos al último, Serafín Javierre, y no a Simón, que fué el último que residió de modo estable en la casa (primero en la alta y luego en la baja), y a quien sucedió Serafín:
 
<<...en 1963, el cuestador o santero de San Úrbez recorrió por última vez los pueblos de la montaña y de la tierra baja, recaudando para la Santa Casa de San Úrbez. Los santuarios de cierta entidad contaban con santero: el Viñedo, san Cosme y San Damián, Santa Orosia, Santa Elena... que en ocasiones (como era el caso de Santa Orosia y San Úrbez con la orilla norte del Guarga, o de aquella con Santa Elena...) superponían sus zonas de actuación. Estos santeros tenían sus obligaciones y derechos: residían en una casa al efecto, normalmente aneja del santuario en cuestión, y cultivaban y cuidadan de las tierras y ganado, mantenían el culto ayudando en lo preciso en el santuario... 
 
En el caso de San Úrbez nos ceñimos con fidelidad al excelente estudio de Enrique Satué tantas veces citado y cuya reseña se da en la anotación número 4. El último santero que recorrió los pueblos, en 1963 como hemos dicho, fue Serafín Javierre Cebollero, de Rodellar, nacido en 1903 en casa Manuel de Rodellar, en el barrio de La Honguera. Con dos hijos y menguada hacienda (cita Satué en entrevista personal que su hacienda —por ejemplo— de oliveras le reportaba cincuenta litros de aceite...), se dedicaba a la carbonera y a lo que salía. No sería el único ermitaño de San Úrbez del pueblo donde el Mascún y el Alcanadre se juntan, ya que los había habido también de casa Piquero, teniendo antaño connotaciones hereditarias. A cambio de su trabajo recibían bien un importe fijo, bien una parte de lo recaudado en estas peticiones itinerantes. En el caso de San Úrbez, vivía en la planta baja y en alguna estancia de la primera planta de la casa de los romeros (aunque fue Simón Nasarre, anterior santero a Serafín Javierre, el último que vivió allí, ya que éste último ya no vivió de modo estable en la casa). Según E. Satué, se instituyó con carácter de estabilidad su figura a raíz de la seguridad económica que proporcionó el Señor de Aineto al donar hace siglos los terrenos que constituirían la pardina de San Úrbez, además de ganado (donación que no es segura145). No hay que pensar que el santero iba por las casas pidiendo la voluntad, sino que todo estaba muy prefijado y estructurado, como veremos a continuación. En primer lugar, el santero debía tener y llevar consigo para exhibir al párroco de cada lugar el documento obispal autorizándole a la cuestación que se disponía a hacer en la población en cuestión. Solían llevar una caballería ya que la mayor parte de las donaciones eran en especie. Bien el alguacil o bien el cura les acompañaba casa por casa, cuyos miembros rezaban a San Úrbez en una capilleta portátil que portaba el santero y que se conserva en el Museo Ángel Orensanz y Artes de Serrablo y de la cual acompañamos fotografía. 
 
Cada casa tenía establecido lo que debía dar, cantidades que estaban apuntadas en una libreta que llevaba el cuestador, y que en principio debía responder a la potencia económica de la casa, y que era fijada y revisada por una Junta del santuario, en la que tenían cabida representantes de las balles. Básicamente se daban cereal y lana, y en el valle de Rodellar y somontano también aceite. La cantidad estándar en los años de antes de la despoblación era un cuartal de cereal y una laneta (la cantidad extraída de una res) de lana. Recoge Satué cantidades año a año dadas reiteradamente por casas poderosas (o que tenían peticiones especiales para el santo): así, casa Don León (o León Benedet) de Angüés daba una novena de aceite (unos tres litros) cuando lo normal era una taza o jícara. También los Villacampa de Laguarta (también llamada casa El Señor o en el último siglo casa Don José) daban más trigo del establecido en principio, igual que casa Don Úrbez de Bescós de Guarga. Dado que el santero de San Úrbez recorría dos zonas diversas (montaña y tierra baja), sus itinerarios estaban muy marcados tanto geográfica como temporalmente. De este modo, en marzo recorría el somontano en la ruta llamada del aceite (es en diciembre normalmente cuando se recogen las olivas, por lo que en marzo ya estaban molturadas y el aceite recién extraído). Esta ruta de marzo tenía como pueblos fuertes Angüés, Casbas, Bierge... En verano recorría el antiguo Ayuntamiento de Rodellar, desde Las Almunias a la meseta de Otín, y luego iniciaba un gran recorrido que pasaba por todo el valle de Nocito en sentido amplio (el eje Belsué-Bara), cruzaba por Abellada yAzpe al Guarga, que recorría en su integridad, incluida la orilla norte (que también era visitada por el de Santa Orosia), y también el Sarrablo situado en las fuentes del Alcanadre y del Isuala (no confundir con el Isuela, el río de la ciudad de Huesca), como Matidero y las Torrollualas (Torrolluala del Obico y Torruéllola de la Plana). Solo parte de lo recaudado se llevaba al santuario (por conveniencia y a veces por imposibilidad de transportar con una caballería todo lo recogido), ya que la mayor parte se vendía; así, lo recaudado en el valle de Rodellar se mercaba en la tienda del pueblo, lo recaudado en Sarrablo en la tienda de Laguarta, el tendero de Bierge también acostumbraba a comprar aceite al santero... Con su camino el santero mantenía la devoción a San Úrbez viva, y contribuía de modo muy importante al sostenimiento económico del culto al santo. Era una figura respetada. Además, se alojaba siempre en las mismas casas, siendo éstas siempre casas relevantes y a las que otorgaba tácitamente un cierto papel e importancia en el fenómeno de San Úrbez, estando además de modo obvio éstas muy protegidas por el santo de las aguas: en Laguarta obviamente casa Don José, en Matidero casa Villacampa (una rama de la familia de Don José de Laguarta), casa Molinero en Aineto, casa Campo en Nasarre, casa Otín en Abellada, Juan Domingo de Cerésola (no podía ser de otro modo, propietarios de la pardina de Saliellas donde se asienta la ermita del santo y en origen casa también de la familia Villacampa (ya veremos en Los lugares de San Úrbez como la familia Juan Domingo cuenta que la casa pertenecía hace siglos a los Villacampa, según además se puede ver en el escudo de madera que se encuentra tallado en el interior de la casa).>>
 
Como veremos, tras la guerra las cantidades bajaron notablemente, y también se relajó el rito y la obligación, ya que la sociedad tradicional estaba herida de muerte y los pueblos se estaban despoblando, lo que se ve en que hay casas que están reflejadas pero no aportaron. Las medidas son muy resbaladizas: tras breve encuesta, en la zona de Nocito con 4 almudes hacías 1 cuartal. Según la enciclopedia aragonesa  (http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=711 ) un almud era algo menos de dos litros de capacidad. Escasean ya las lanetas, frente a años anteriores. 
 
Sin embargo, como decimos, el tema de las medidas es complicado, variando de valle en valle incluso. Así, ¿porqué recoge 10 almudes en casa Bellosta en Otín, cuando podría decir 2 cuartales y 2 almudes, como hace en otras casas? Quizás utilizaban "almud" como medida de superficie y no de capacidad, que también se hacía como hemos confirmado...
 
En este año de 1942 destacan especialmente los nueve cuartales de cereal más una laneta de varias casas devotas y potentes: la pardina Ballabriga, el muy devoto José Malo, de San Esteban de Guarga, don José Villacampa de Laguarta (éste sin laneta, fueron años económicamente muy duros para esta casa, tras la guerra), casas López y Escartín de Solanilla..., cantidades muy altas comparativamente con lo aportado por la mayoría del resto; también el gran donativo de don José Escartín, de Aineto ( familia poderosa y vinculada al Santuario) es muy fuerte, esta vez en moneda: veinticinco pesetas (entiéndase que muchas casas daban 1 peseta); casa Otín de Grasa, Fuertes, otra casa sin concretar nombre de Yéspola, y don Senén Gracia de Nocito, limosnaron diez pesetas. Por el contrario, casas modestas aportaron, por ejemplo, “Un jornal de piquero”. 
 
Falta parte de la ruta del Somontano (Bierge, Angués, Sieso...) donde las jícaras de aceite serían más frecuentes.
 

Vayamos pueblo por pueblo:

Abellada, Alabés, Pardina Albás, Pardina Ballabriga, Pardina Bail:

A la hora de la despoblación solamente quedaban casa Lardiés y Otín, en Abellada. Uno de los cofrades de Huesca fallecidos este año, Elías Otín Bergua, era de la casa de su nombre. Las pardinas de Albás y Ballabriga eran de fama por ser de buena tierra y economía.

Letosa, Nasarre Otín:

Como vemos (Letosa), no en todos los pueblos desglosa nombres de casas, en esta ocasión de 1942. 

Nocito:

Como se ve, con diferencia, el pueblo más potente de la zona.

Abajo: Solanilla, Sandiás, Rodellar, Villacampa.

En Sandiás también se agrupan las al menos tres casas que existían. Destacamos que casa Blasco era la responsable de dar aviso de las veneraciones de la Cabeza de Santa Orosia a Yebra a toda la ribera del bajo Guarga. Y es que en la hidrográfica derecha de este río confluían ambos cultos. Rodellar destaca también, con muchas casas aportantes, como lugar de cierta importancia.

Abajo: Fablo.

Curiosamente, en el Basa y Guarga Fablo lleva fama de que era villa pobre, sin embargo, sus aportaciones no eran especialmente bajas, eran superiores a la media.

Abajo: Las Almunias, Artosilla, Aspés.

En Aspés aún aguantaban tres casas en ese momento. Las Almunias es el lugar más meridional que recorrió en esta cuestación.

Abajo: Bara.

Después de Nocito, el pueblo más importante de la zona, y con el que mantenían cierta rivalidad.

Abajo: Avenilla, Alastrué, Aineto.

Casa Bara de Alastrué o bien ya no existía o bien no aportó. En Aineto, importante aportación de José Escartín.

Abajo: Bentué de Nocito, Belarra.

En Bentué los cuatro aportantes aportaron exactamente lo mismo. Belarra, bajo el asupicio de su ermita de San Ramón, también contribuía al Santuario de Nocito.

Abajo: Castiello, Guillué, Gésera, Cerésola, San Esteban, Yéspola, Ibirque, Laguarta, Latorre (pardina).

 

En Cerésola, en casa Juan Domingo el momento era muy difícil pues la guerra se había llevado para siempre al amo, haciéndose cargo su hijo Leoncio desde muy joven. En Ibirque, Blas Otín no solo da 4 cuartales, sino que da 1 lana "para una misa".

Abajo: Belsué, Bescós, Binueste, Cañardo, Fenillosa, San Hipólito.

En Binueste aún aguantaban las dos casas, igual que en Cañardo. En Fenillosa, primer pueblo junto a Bescós en despoblarse en el Guarga, quedaba ya poco tiempo de vida. 

Abajo: Grasa, Cheto, Lasaosa, Lúsera.

De nuevo una contribución dineraria relevante por parte de Otín de Grasa.

Abajo: Ordovés, Pedruel, Villacampa, Villobas, Viván, Used.

Los de Pedruel realizaron importantes aportaciones. Los de Used, con una excepción, aportaron todos lo mismo. En Viván ya no se habla de la tercera casa, Escartina.

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